Protección Animal·Toros

PUBLICADO EN EL DIARIO DE LA RIOJA

Hoy, el diario de La Rioja, publica dentro de su Tribuna de opinión, el artículo que les remití recientemente, como respuesta a las conclusiones del Dr. Illera, sobre el sufrimiento del toro durante la lidia.
Mi máximo agradecimiento por ello.

El toro sí sufre
27.09.2007 –
JOSÉ ENRIQUE ZALDÍVAR

El pasado día 12 se celebró en la Universidad de Logroño una conferencia en la que el doctor Illera expuso sus estudios sobre el sufrimiento del toro en la lidia. En base a ellos ha llegado a la conclusión de que gracias a su especial sistema neuroendocrino, éste animal no padece ni sufre tanto dolor y estrés como los antitaurinos pensamos. Basa su conclusión en los altos niveles de betaendorfinas que ha hallado en su sangre y en los bajos niveles de Cortisol y de ACTH, que deberían ser muy altos si realmente el toro sufre tanto. A través de diversas lecturas científicas yo he llegado a la conclusión contraria. A mayor nivel de betaendorfinas mayor es el dolor padecido. En cuanto a la ACTH y el cortisol, las lesiones neurológicas que la puya, las banderillas y el estoque producen en el sistema nervioso del toro impiden que los estímulos y las respuestas al estrés sean las esperadas, es decir, la descarga de grandes cantidades de ACTH y cortisol. La integridad del sistema nervioso es condición indispensable para la que la respuesta neuroendocrina (sistema nervioso-repuesta hormonal) sea normal, es decir, la esperada. Las fracturas de algunas estructuras vertebrales, las roturas musculares, las hemorragias en el canal medular y el destrozo de algunas estructuras de la conducción nerviosa impiden que el cerebro reciba por transmisión nerviosa la orden de descargar el cortisol que un organismo que está siendo sometido a ese sufrimiento físico y psíquico debería producir en enormes cantidades. Esto no ocurre en el toro transportado o en el toro que sale al ruedo y no es lidiado, que tienen altas tasas de ACTH y cortisol y bajas de betaendorfinas. La razón es sencilla: su sistema nervioso está integro. No hay lesiones que alteren la conducción nerviosa y como consecuencia la respuesta hormonal. Es un error pensar que las betaendorfinas son neutralizadoras del dolor; o, mejor dicho, es una verdad a medias. Se sabe que son sustancias que se producen ante él, pero también ante el estrés. Para mí, más que otra cosa son medidores de la intensidad del dolor. La alteración de las vías de conducción nerviosa, de las que hablé antes, podríamos pensar que también deberían afectar a la respuesta del cerebro para la producción de betaendorfinas, pero se sabe a ciencia cierta que los organismos son capaces de producirlas por otros mecanismos cuando no hay integridad del sistema nervioso. Resulta importante que se sepa que en estudios realizados en mujeres de parto, las que lo consideraron en cuanto a la intensidad o sensación de dolor «insufrible» tenían en su sangre muchas más betaendorfinas que las que lo consideraron «doloroso», y éstas más que las que lo consideraron «tolerable». Es decir, cuanto menos doloroso fue, menos betaendorfinas se detectaron. Por tanto, a mayor dolor mayor descarga de betaendorfinas. También ha quedado demostrado que a menor estrés y ansiedad ante el parto por parte de la mujer, menor es la descarga de betaendorfinas. Y para terminar, decir, que los fetos nacidos de partos difíciles tenían más betaendorfinas en su sangre que los que nacieron en partos sin complicaciones. A mayor sufrimiento fetal, más betaendorfinas. El tiempo de descarga de estas sustancias, al que se da tanta importancia, no carece de ella, pero no modifica ninguna de mis conclusiones ya que en el parto, en los instantes en que el dolor es más intenso (expulsión del feto) es cuando más betaendorfinas se detectan en la sangre de la madre y en el feto. Mis fuentes científicas de información están accesibles a quién quiera consultarlas en Internet.

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Un comentario sobre “PUBLICADO EN EL DIARIO DE LA RIOJA

  1. A mi me parece sin duda una forma más de “torear” los fundamentos de la lógica por parte de la tauromafia. Todo cuanto rodea a ese mundillo se nutre de falacias, medias verdades y necedades pseudointelectuales. La falsa poesía, los subterfugios de diseño y la apropiación indebida de hitos culturales son su única forma de defensa. Destrozan todo cuanto hallan a su paso: historia, antropología, aritmética, pintura, etc etc. Y la medicina no iba a ser una excepción.

    Aunque fuera cierto que el toro lidiado segrega cantidades suficientes de beta-endorfinas hasta el punto de neutralizar el dolor, eso no justifica en absoluto la cruel atrocidad de ese espectáculo. La producción de ese analgésico opiáceo de generación espontánea es justamente un argumento en contra de la práctica de la tauromaquia, y no una excusa para seguir practicándola. El organismo del “toro de lidia” está dando una respuesta al intenso dolor que le producen los infames castigos a los que es sometido; por tanto, una prueba más que concluyente de que las corridas de toros deben ser abolidas.

    El discutible “estudio” del citado “catedrático” puede ser utilizado como argumento en contra con suma facilidad.

    Salu2!

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