Protección Animal·Toros

PONGAMOS LAS PUYAS Y LAS COSAS EN SU SITIO

Hoy me ha llegado una interesante información. En el Simposio de Zafra, que se celebra anualmente, el Dr. Illera dará una conferencia sobre las nuevas conclusiones que ha obtenido sobre el sufrimiento y el dolor en el toro de lidia. Parece ser que sus hallazgos son muy importantes ya que la nota que me han remitido se encuentra envuelta en un profundo halo de misterio.
Copio y pego, subrayado en rojo lo que en el mensaje se dice:

NOVEDADES IMPORTANTES EN EL PROGRAMA DEL VIII SYMPOSIUM DEL TORO DE LIDIA
Por Comité Organizador.
Incorporación al Programa del VIII Symposium del Toro de Lidia de los primeros resultados de las Investigaciones del Dr. Illera del Portal, Catedrático de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Univ. Complutense.
Como consecuencia de las recientes investigaciones que lleva ha cabo el Dr. Illera, Catedrático de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y, una vez obtenido las primeras conclusiones, el Comité Organizador ha decidido por unanimidad incorporar al Programa la exposición de dichas conclusiones dado que nos han parecido MUY IMPORTANTES y en el ámbito de su disciplina y temática de investigación, como TRASCENDENTES.
La exposición se ha tenido que ubicar a última hora de la Sesión del sábado por la mañana, después de la Mesa de “Reivindicación de la Fiesta a través del mito del torero”. Para ello, se elimina la Sesión de Comunicaciones Científicas del Sábado por la mañana -compilando las Comunicaciones orales en las sesiones anteriores del viernes 26-, adelantando a dicha hora (las 10,30) el primer acto programado de las Ponencias de Patología y Terapéutica, y en consecuencia, adelantando otra media hora la mesa redonda posterior citada.
Por decisión conjunta del investigador y el Comité Organizador, no divulgamos la temática ni el sentido de la intervención y de esas primeras conclusiones de los trabajos del equipo del Dr. Illera, reservándolo para el momento previo de la presentación y la exposición propia. Pretendemos así trasladar a todos la sorpresa que hemos tenido cuando hemos conocido hace tan sólo un par de días el resultados de esas investigaciones. Esperamos sepan perdonar todos aquellos que no puedan asistir al VIII Symposium.

Un pequeño matiz, sin importancia, pero que dado lo elitista y clasista de mi profesión debo mencionar: Juan Carlos Illera creo que no es Catedrático de nada; es profesor numerario de la facultad y eso sí, Director del Departamento de Fisiología. Una organización que se atribuye un gran rigor científico en sus convocatorias, debe serlo para todo. De cualquier forma, ya he mandado un e.mail a la organización para que me aclaren mis dudas. Estoy a la espera de su respuesta.

Hoy he recibido la amable respuesta de la organización y efectivamente el Dr. Illera no es Catedrático de Fisiología. El error, según me comentan, es única y exclusivamente de la secretaría del evento.
Lo que me llama poderosamente la atención es el último párrafo en el que se dice que no puede ser adelantada ningún tipo de información sobre las conclusiones obtenidas por el Dr. Illera y su equipo.
La verdad, estoy en ascuas por las MUY INTERESANTES y TRASCENDENTES noticias que se van a hacer públicas. Cómo no me gusta prejuzgar, espero tener acceso a la comunicación del Dr. Illera y poder dar mi opinión. Dado que evidentemente no voy a acudir a un Congreso que está programado para mis compañeros veterinarios especialistas en el Toro de Lidia, y yo no lo soy, pediré por e.mail que me sea enviada una copia de dicha ponencia o en su defecto el libro que se edita y que es entregado a los congresistas. Esperemos que los organizadores tengan a bien enviármelo. Puedo decir, que a traves de un e.mail se me ha informado de que podré tener acceso a dicho libro.
Se me ha reprochado por un correo que se les ha enviado por parte de una organización antitaurina, que soy un patético por no ir a dicho Simposio a rebatir en vivo y en directo las teorías del Dr. Illera. A mi, lo que me parece patético es qué se me prohibiera la entrada a su conferencia en Logroño, salvo que me inscribiera en las jornadas que allí se celebraron. Me parece igual de patético que en un Simposio que se cataloga de carácter científico, se puedan exponer teorías y teoremas sin que un comité científico las haya analizado previamente. Posteriormente se me ha informado que si existe dicho cómite. Aquí, evidentemente caben matizaciones, ya que se me podrá decir que los ponentes exponen sus opiniones y luego éstas deberán ser contrastadas científicamente. Son matices, pero no deja de ser curioso que se diga que una ponencia es MUY IMPORTANTE Y TRASCENDENTE, cuando ellos, los organizadores del evento, dicen que será después de su presentación cuando se verifique si son o no válidas. Pero bueno, aún así las reglas del juego son las que son y como tales deben ser aceptadas.
Decir que luego, tras ser escuchadas las conferencia, podrán ser confrontadas las opiniones es un “chiste”. Y lo es porque ningún veterinario que quiera rebatirlas, podrá disponer de plazas de toros, de toros y de la infraestructura necesaria para realizar un estudio de similares características o incluso mejorarlo. Es así de sencillo, ellos lo saben, y por eso nos embaucan con sus sin sentidos. Es una partida con trampa en la que ellos saben que tienen un as en la manga. Yo no podré nunca rebatir el citado estudio con pruebas de campo, ni podré hacer determinaciones hormonales en los toros lidiados, ni comprobar las lesiones de sus estructuras nerviosas o de sus pulmones o de sus músculos. Lo que si puedo y es lo que hago, es rebatir sus conclusiones en base a documentación científicamente demostrada y contrastada.
Debo decir, que con posteruioridad a todo lo que escrito en los párrafos anteriores, que admito ha podido expresado en un tono un tanto “elevado” he mantenido un educado diálogo por via e.mail con los organizadores del Simposio y cabría la posibilidad de crear una Mesa de discusión en la que yo podría exponer lo que pienso. Al mismo tiempo se me ha ofrecido la oportunidad de presentar el próximo año una comunicación al respecto en la próxima reunión, que será en el 2009.

Por otro lado, debo decir, que ¡por fin! un compañero de profesión se ha dignado a contestar a mis conclusiones sobre el estudio del Dr. Illera. Se lo he agradecido profundamente. En su escrito, amable por cierto, me “reprocha” mi desconocimiento sobre la bravura del toro del lidia y me incide en el hecho de que la zona del toro en donde se producen los puyazos es una zona con una magnífica protección muscular que impediría las lesiones neurológicas que yo puse en su momento como causa de que los niveles de cortisol después de la lidia no se podían considerar como reales. Decía en mi estudio, que es indispensable la integridad del sistema nervioso para que la respuesta hormonal pudiese ser valorada científicamente. Pues bien, éste compañero de profesión, que a diferencia de mi, es defensor de la fiesta, aduce que en el morrillo (lugar donde en teoría se debe colocar la puya) existe un importante paquete muscular que impediría las lesiones de estructuras nerviosas que yo he dicho que se producen.
Lo cierto es que yo, veterinario de pequeños animales, desconozco la profundidad de los músculos que protegen dicha zona en los bóvidos. Aduce además que las posibles lesiones neurológicas que yo he apuntado las he copiado de las opiniones de un aficionado y no de las opiniones de veterinarios. Es cierto a medias, cómo podréis leer más adelante.
Niega que las caídas de los toros después de las puyas sean debidas a lesiones neurológicas sino a un proceso metabólico que se produce en el toro a nivel hepático como consecuencia de la alimentación a que se somete al toro, para que tenga el peso adecuado cuando va a ser lidiado. Según la información que obra en mi poder un toro de lidia puede perder desde que sale de la dehesa hasta que es lidiado un 6% de su peso. Cómo tengo que contrastar opiniones en un tema en el que hasta hace poco no había profundizado, me he dado cuenta de que lo que se ha denomimado Síndrome de la caída del Toro del Lidia, preocupa y mucho a los veterinarios taurinos y a los aficionados a la fiesta. He encontrado un estudio muy reciente en la revista que edita el Colegio de veterinarios de Madrid en que se nombran como causas de esta alteración:

• Enfermedades infecciosas y parasitarias.
• Alimentación inadecuada.
• Selección ganadera.
• Falta de ejercicio por disminución del tamaño de las fincas.
• Peso excesivo.
• Predisposición de ciertos encastes a caerse.
• Relación con enfermedades parasitarias (Sarcosporidiosis muscular o cardiaca).
• Relación con alteraciones metabólicas o alimentarias (Acidosis ruminal y laminitis).
Estrés de transporte y reposo antes de la lidia.
Relación con heridas o lesiones producidas por la puya de los picadores.
• Relación con el peso excesivo de los animales.
• Lesiones musculares, como miodistrofia de ejercicio o dietética.
• Relación con diversas lesiones halladas en la inspección post-mortem.

Bueno, algunas de las cosas que ahora expondré no las he sacado a la luz, porque nadie había hasta el momento rebatido lo que yo y Susana hemos publicado en bastantes sitios.
Copio, pego y subrayo en rojo lo que me parece interesante de algunas de las cosas que tengo guardadas:

Luis F. Barona Hernández y Antonio E. Cuesta López
Suerte de vara
Valencia, Diputación de Valencia, 1999
Por Pedro Romero de Solís

El libro de Luis F. Barona y Antonio E. Cuesta López, Suerte de vara, publicado en una esmerada edición por la Excma. Diputación de Valencia que conmemora el centenario de la trágica cogida y muerte del diestro valenciano Paco Fabrilo por un toro de la ganadería de Pablo Romero, constituye el brillante resultado de un estudio hecho, en las plazas de Madrid y Valencia, por estos dos investigadores pertenecientes a la comunidad científica de veterinarios de la Universidad de Córdoba. El índice del volumen nos indica inmediatamente que se trata de un estudio técnico y humanístico, esto es, pluridisciplinar en la línea mejor de los trabajos de investigación universitaria contemporáneos. En consecuencia, el ciclo de capítulos que constituyen su contenido aborda:* Discursos históricos: «Inicios de la suerte de vara»;«Adaptacíón al toreo a pie»; «Evolución de la suerte de vara»; «Evolucíón histórica de la puya»; «Estudio evolutivo de la localización del puyazo en las reglamentaciones taurinas»;«Implantación y evolución de los petos»; Relación de los «Picadores del siglo XVIII»; el «Origen y evolución de la indumentaria del picador» y, finalmente, «La suerte de varas y su reglamentación históricas» que forman, sin lugar adudas, el corpus de estudios históricos sobre la puya más completo que conozco y* Exposiciones científicas y técnicas como son el «Recuerdo anatómico de la musculatura y estructuras adyacentes relacionadas con la localización de los puyazos» y el «Estudío biométrico de la lesión anatómica de la puya», trabajos que vienen acompañados por un «Estudio del acornear del toro de lidía» firmado por el profesor emérito de la Universidad de Córdoba don Ildefonso Montero Agüera, en realidad el maestro de estos jóvenes pero ya acreditados investigadores.
El libro termina con una «Conclusiones» tan valientes como aterradoras pues resulta que actualmente no llega al 7 por ciento los puyazos que se colocan correctamente en las plazas de Madrid, Sevilla y Córdoba. ¿Qué será en otras plazas con «aficionados»de menor tradición y exigencia? El trabajo concluye con un léxico de casi mil vocablos relacionados con la suerte de picar –dato que no me sorprende pero que seguramente haría meditar a más de un antropólogo social preocupado por la cultura del trabajo– y una selecta bibliografía de un centenar de títulos bien escogidos que patentizan, de una parte, la especialización profesional de los autores y, de otra, la amplia y culta mirada de los autores sobre la fiesta de toros. A la Revista de Estudios Taurinos le complace particularmente la salida de Suerte de vara porque en su número anterior ya acogió a estos mismos autores publicando un artículo –“¿Cumplen las puyas su misión”– donde llamaban la atención sobre el hundimiento actual del tercio de varas. El tema fue analizado, por la Revista, en otros dos escritos: uno de carácter técnico científico realizado por los veterinarios de la Unión de Criadores de Toros de Lidia–Fernández Sanz y Villalón González-Camino– “Estudio de las lesiones producidas por la suerte de varas en la segunda parte de la Feria de San Isidro de 1998” donde llegan –y no casualmente– a resultados análogos y otro, de carácter reformador, firmado por un miembro de la Fundación de Estudios Taurinos y asiduo colaborador de nuestra Revista, Álvaro Martínez Novillo en el que reclama de los poderes públicos el establecimiento de las medidas necesarias para la restauración de una de las suertes más emocionantes y bellas de la lidia de toros. La investigación de base trata de comprobar las lesiones producidas por las puyas, el lugar del cuerpo del toro donde son colocadas y la determinación anatómica de los en los toros de lidia. Los autores parten de la hipótesis de que el tercio de varas es de gran importancia en el conjunto de la lidia del toro. «Sirve –como nos recuerdan Barona y Cuesta– para ahormar la cabeza, regular el acornear, quebrantar el poderío y comprobar la bravura». La concepción multidisciplinar de la investigación se expresa en Suerte de vara por medio de un recorrido histórico de la actividad de los picadores desde el establecimiento de la corrida a pie hasta la actualidad. Los lectores tendrán acceso, en sus páginas, a la descripción pormenorizada de las modificaciones que, a lo largo de los años, han llevado a la transformación de las puyas y a la evolución de los petos. En lo que se refiere a los petos desde los anatómicos que procuraban impedir lo menos posible el libre ejercicio de la monta y que ya se utilizaron en el reinado de Alfonso XIII, explican cómo han evolucionado hacia los actuales hasta impedir la movilidad del caballo forzándolo al estatismo al punto de que, en el momento mismo en que el toro empuja con un poco más de fuerza de lo acostumbrado, jamelgo y picador suelen caer estrepitosamente al suelo de donde, recuérdese, el caballo no puede levantarse sin la ayuda –el socorro, diría con más propiedad– de los «monosabios». Son objeto de su minuciosa observación las puyas actuales, las cuales con 6 cm. de acero encordelado y 3 de púa piramidal, es decir, dotadas de un alma metálica de 9 cm. contados hasta la cruceta, permiten infligir heridas a los toros de más… ¡de 30 cm. de profundidad! Los autores denuncian el fallo del diseño de las puyas –y no están hablando de sus manipulaciones fraudulentas– que al obviar el «limoncillo»(obsérvese la pica propuesta por el Duque de Veragua) permite poner, por sistema, las varas traseras y, cuando mejor, en la cruz que, por cierto, como demuestran los autores también es preciso considerarlas retrasadas. Las varas que fueron colocadas más allá de la cruz supusieron, nada menos, que el 33 por ciento del total de las mismas y produjeron heridas de una profundidad media de… ¡25 cm.! ¿Y todavía queremos que los toros permanezcan en pie? No nos extrañe que pasaportando con tan poco rigor el tercio de varas que, en la mayoría de las corridas y en la totalidad de las plazas de España, más de un toro salga del caballo «tocado» en la columna vertebral. Pero, es preciso no olvidar que con sólo alcanzar los músculos del raquis, el animal queda profundamente lesionado. «Las puyas colocadas en el dorso –afirma el prof. Montero– son criminales pues no solamente lesionan los músculos relacionados con el raquis: trapeciotorácíco, espinal y semiespinal del tórax y cuello longísimo del tórax, el raquis y, más profundamente, las costillas también pueden ser dañadas» (Barona y Cuesta, 1999: 176). Estas varas, colocadas por detrás del morrillo son del todo perjudiciales para la lidia pues ni regularizan el acornear, ni debilitan el empuje del toro, y lo más que hacen es, en cualquier caso, dificultar la locomoción produciendo cojeras y forzando caídas.
El puyazo de ley debe colocarse en el morrillo del toro y no, según recuerdan los autores de Suerte de vara, en la cruz o en la espalda como suelen colocarse en la actualidad. El morrillo, la parte más elevada del cuello, comprendida entre la nuca y la cruz, es el lugar correcto de picar porque es la sede de los músculos extensores, los responsables de la cabeza y, por consiguiente, del recorrido de los cuernos. Un buen puyazo, en la base del morrillo, descuelga la cabeza del toro y dificulta su derrote y, por eso mismo, es la operación básica de la lidia para que ésta se ponga al servicio de la belleza del toreo. A los autores no les pasa desapercibido la corpulencia descomunal de los caballos que, desde hace unos años a esta parte, montan los picadores. Caballos que, por la anchura descomunal de su esqueleto y por el tamaño de los cascos, manifiestan no pertenecer racialmente al universo de la tauromaquia si no más bien al de la lidia militar ¡Caballos más propios para arrastrar cañones en guerras napoleónícas que para dulcificar la embestida de los toros! Esa descomunal alzada unida al peso de los aparejos, de la mona, de los manguitos, del peto, etc. y, por supuesto, al no desdeñable de los pingües y forzudos picadores, suman un peso, muchas veces próximo a la tonelada, al que se estrellan toros con no mucho más de 500 kilos.
¡Ay del toro que manifieste bravura y, todavía peor, codicia e intente levantar a un enemigo de peso doble que el suyo! Las delicadas articulaciones de las manos quedarán averiadas mientras el picador aprovecha para hundir la puya a más de 30 cm. de profundidad no en el morrillo, por supuesto, como debiera ser, sino en la zona vertebral y, a veces, ¡hasta con cinco recorridos diferentes por la misma herida de entrada! ¡Asombroso! ¿cómo es posible que algunos toros, todavía, queden en pie?
La suerte de vara, como recuerdan nuestros autores, es fundamental en la lidia del toro porque tiene unas finalidades concretas, precisas: * Reducir el ímpetu y la fuerza del animal, quebrantando su poderío y permitiendo la realización de las dos siguientes fases de la lidia. Ahormar la embestida lesionando su musculatura cervical dorsal con la intención de conseguir la corrección de sus defectos, entre ellos, proporcionar movimientos menos bruscos en el cornear y contribuir a la humillación de la cabeza. Permitir que el diestro observe las condiciones físicas y morales del toro, así como su comportamiento –bravura, fijeza, nobleza, codicia, peligro, dirección de la embestida y con qué cuerno se aplica con más intensidad– para que vaya hacía él con conocimiento, con sabiduría de las facultades reales de su antagonista. En el toreo nunca se trata de atropellar la razón sino, todo lo contrario, ejercitarla luminosamente. La Tauromaquia es conocimiento.
Considero Suerte de vara de Luis F. Barona y Antonio E. Cuesta López la guía necesaria y oportuna para contribuir a la reforma de la participación de los picadores en la corrida y, por tanto, el camino seguramente más apropiado para restaurar el espectáculo de la lidia de toros hasta el nivel de su verdadera plenitud. Un libro cuya aparición agradezco profundamente.
Pedro Romero de Solís Fundación de Estudios Taurinos.

Y ahora, yo pregunto: ante tan evidente sangría y traumatismos con heridas que penetran a más de 30 cm de profundidad y que muchas veces abren varios trayectos, ¿hay algún músculo que impida la llegada de la puya a las estructuras nerviosas? ¿Hay alguna posibilidad de que la sangre que emana hacía afuera o hacia adentro, no produzca coágulos que bloqueen las vías neuronales e incluso el canal medular? ¿Cómo es posible que existan dudas sobre que la integridad del sistema nervioso no se vea alterada? Todo el texto copiado y pegado ha sido escrito por veterinarios, no por unos meros aficionados a la fiesta, entendidos en materia de varas.

Más cosas, copiadas y pegadas que corresponden a estudios científicamente realizados, no ha invenciones mías:
Los mejores efectos para alcanzar estos objetivos, ya lo tienen estudiado, se obtienen picando al toro en la zona superior del trapecio cervical, sobre la quinta vértebra aproximadamente, que es el lugar más apropiado para lesionar los músculos extensores y ligamentos de sustentación de la cabeza) y hasta una profundidad de unos 9 centímetros para no dañar vascularizaciones demasiado profundas (para ello, la vara de picar tiene una cruceta a 8,75 centímetros de su punta. En esta zona es difícil dañar la funcionalidad del animal, a excepción de las lesiones buscadas y ya reseñadas.
Esta «suerte», así realizada, y con la expresa prohibición que hace el Reglamento Taurino de no barrenar (girar la puya como un sacacorchos), no tapar la salida (dejar que el toro retroceda cuando no pueda soportar el dolor) y no insistir (no hacer un mete-saca con la puya) es la forma correcta de «aplicar el castigo». Pero esta forma «correcta» de picar al toro, a pesar de los daños señalados que le provoca, no parece causar suficiente merma al animal como para que los valientes matadores toreen a gusto, y según un estudio realizado entre el 25 de mayo y el 8 de junio de 1.998 por un equipo de veterinarios especialistas (¡!) en el tema y sobre un total de 83 toros lidiados, el 95,3% de los puyazos se realizó fuera de la zona indicada; el 54% provocó una hemorragia más abundante de lo deseable; el 100% alcanzó una profundidad superior a la de la longitud de la puya (con una media de 21,6 centímetros y varios con más de 30) y el 62% se realizó con mete-saca (con una media de 7,4 mete-sacas por vara). En resumidas cuentas, ni una sola vez se realizó la «suerte» según los propios cánones taurinos. (Extraído del arte de picar)

Debe constar en acta que aunque se diera el hipotético caso, que cómo se ve no se da, de que la puya fuera colocada en su sitio, yo, seguiría pensando lo mismo que pienso, es decir seguiría manteniendo las mismas teorías. Pero no sólo con argumentos científicos, sino haciendo uso de un análisis más cercano al pensamiento racional que me lleva a sustentar mi profunda convicción antitaurina. Esta claro que antes de leer el estudio al que han acogido casi todos los protaurinos cómo si les hubiera llovido del cielo para la justificar la crueldad del espectáculo del que son partidarios, yo ya era antitaurino. Lo que me lleva a pelear (en el sentido pacífico de la palabra) contra las teorías del Dr. Illera, es mi punto de vista como veterinario, independientemente de mi postura como humano, aunque evidentemente, por lo menos para mi, ambas facetas de mi existencia están profundamente unidas.

La suerte de varas: Fisiopatología. (Más información científica)
FISIOPATOLOGIA DE LA SUERTE DE VARAS.

Conviene recordar, aunque sea de manera muy somera, la región anatómica sobre la que se pica.
Está formada en primer lugar por el músculo TRAPECIO. Se trata de un músculo triangular, plano, que va desde el atlas (primera vértebra cervical) hasta la decimosegunda vértebra dorsal y el vértice inferior se inserta en la tuberosidad espinosa de la escápula. A pesar de no existir solución de continuidad, se consideran dos porciones:
Porción cervical que va desde el atlas hasta la segunda vértebra dorsal con inserción inferior en la tuberosidad espinosa de la escápula.
Porción torácica que va desde la segunda a decimosegunda vértebras dorsales y por la parte inferior se inserta en la tuberosidad espinosa de la escápula.
Los músculos de cada lado se encuentran unidos entre sí por un rafe fibroso medio.
El riego sanguíneo procede de las arterias: vertebral, cervical profunda, escapular dorsal e intercostal dorsal.
Está inervado por el nervio accesorio.
Una vez separado este músculo nos encontramos con el LIGAMENTO DE LA NUCA que, dada su gran importancia, es preciso conocer.
Este ligamento, es el sostenedor de la cabeza, tiene una parte funicular que se inserta en el occipital,(donde comienza) y en las apófisis espinosas de las vértebras dorsales y lumbares. Su forma es redonda en un principio, hasta la altura del axis, haciéndose mas ancha y plana e insertándose a cada lado de las apófisis espinosas de las vértebras dorsales y lumbares. Esta porción funicular es muy potente. La parte laminar tiene dos tramos, uno craneal, que es doble y va desde la parte funicular hasta las apófisis espinosas de la 2ª, 3ª y 4ª vértebras cervicales. El tramo caudal es simple y va desde la parte funicular hasta las apófisis espinosas de la 5ª, 6ª, 7ª vértebras cervicales y apófisis espinosa de la primera vértebra dorsal.
Otro músculo, de suma importancia, que es necesario estudiar es el ROMBOIDEO O ROMBOIDES que nace del ligamento de la nuca a partir del axis (segunda vértebra cervical) hasta la apófisis espinosa de la quinta vértebra dorsal. Es un músculo largo, muy grueso y muy potente, que se encuentra, por la parte externa del mismo, unido muy fuertemente a la parte interna del cartílago de prolongación de la escápula, extendiéndose craneal y dorsalmente bajo la porción cervical del trapecio.
Presenta un engrosamiento muy acusado sobre la parte media del cuello denominado morrillo o cerviguillo. Este engrosamiento es un carácter sexual secundario, ya que solo tienen los machos sin castrar, y hace su aparición a los 2- 3 años de edad. Esta zona está compuesta por un tejido muscular muy retráctil.
Este músculo sostiene el miembro anterior cuando está en movimiento y cuando actúan los dos romboides a la vez, elevan el cuello y la cabeza, lo que requiere una gran potencia.
El riego sanguíneo procede de las ramas de la arteria cervical profunda y dorsal escapular.
La inervación es por los nervios cervicales y torácicos.
Otros músculos a considerar son: el LATISIMUS DORSI, SEMIESPINOSO )EL TORAX Y DE LA NUCA y EL DORSAL LARGO, estos dos últimos son extensores del dorso.
El sitio ideal del puyazo para cumplir fielmente la finalidad de la suerte de varas que señalábamos al principio, sin menoscabar el aparato locomotor, es la parte media del músculo trapecio inmediatamente delante de la apófisis espinosa de la primera vértebra dorsal, de esta manera podemos perforar el trapecio y lesionar la porción funicular del ligamento de la nuca lo que va a contribuir a lograr que el toro baje la cabeza.
También picando en la parte trasera del morrillo, una vez perforado el músculo trapecio, se puede lesionar el músculo ROMBOIDEO lo que va a facilitar que el toro humille.
Hay que tener presente que la puya tiene una gran facilidad para penetrar que no solo se introduzca la puya hasta el tope (8,5 cm.) sino mucho más, por ello cuando el puyazo es trasero y la distancia de los cuerpos vertebrales a la piel es menor, pueden alcanzarse los mismos con la producción de fuertes hemorragias que muchas veces no se exteriorizan sino que pueden incluso afectar al canal medular con compresión de la médula y producción de paresias.
También, si se pica trasero y lateral, la distancia hasta la cavidad torácica es menor y se puede alcanzar la misma lesionando el pulmón con acción perjudicial inmediata sobre el toro.
Cuando se pica en el hoyo de las agujas suele producirse una mayor hemorragia por afectar la puya a las arterias del TRONCO COSTOCERVICAL que tienen un grueso calibre.
La hemorragia, por muy abundante que parezca, no suele afectar a la resistencia del toro ya que la volemia de un toro de 500 kilos de peso vivo es de unos 37,5 litros (75 c.c. por cada kilo de peso) y la sangre perdida en la suerte de varas no suele ser mayor de 3 litros lo que supone menos del diez por ciento de la volemia.
La unión de los miembros anteriores al tronco es una SINARCOSIS O SIN DESMOSIS ya que está formada por músculos de gran potencia. Los principales son los músculos serratos, serrato cervical y serrato torácico que unen el cuello y tronco con la escápula en cuya cara interna y en la parte superior se insertan.
También el músculo romboideo, ya descrito, juega un importante papel en la unión de las extremidades anteriores con el tronco.
El peso del tronco determina que en la parte superior de los miembros anteriores y entre la prolongación del cartílago de la escápula de uno y otro lado quede una depresión que es conocida como “hoyo de las agujas”, y que, como antes señalábamos, el picar en ese punto suele producir una mayor hemorragia, que es más intensa a partir de la tercera vértebra dorsal.
Finalmente hemos de señalar que cuando el puyazo se realiza caído, y afecta a músculos inervados por nervios procedentes del plexo braquial que es el responsable de la inervación de todo el miembro anterior. El toro a la salida del puyazo “pierde las manos” y claudica momentáneamente, lo que ha sido muchas veces motivo de su devolución al corral y que puede ser debido a una inhibición nerviosa refleja del plexo braquial de cada lado producida desde el plexo de la extremidad afectada al plexo de la otra extremidad, a través de la médula.
Decíamos al principio que la suerte de varas es una asignatura pendiente de la fiesta. Su importancia se ha venido perdiendo, llegando al Reglamento actual que reduce el número de entradas al caballo a dos, en las plazas de primera, y que como estamos viendo, en el resto de las plazas se cambia el tercio con una sola vara.
Habría que recuperar la suerte en toda su importancia y belleza y para ello proponemos que sea tres, como mínimo, las entradas al caballo. Somos conscientes que no se pueden ordenar tres puyazos por decreto, pero sí se puede propiciar la situación para que el castigo al toro haya que administrarlo en tres puyazos. Para ello el encuentro toro-caballo—picador tiene que ser necesariamente breve y para que sea breve es necesario introducir los siguientes cambios:
El caballo tiene que ser más ligero, el ideal sería el caballo español bien domado. Esto es fácil de conseguir en la actualidad. Hay un buen número de caballos y se doman mas caballos que nunca, por tanto ese problema no existe.
El peto tiene que ser mas ligero, hay que eliminar el faldón actual que se comporta como un muro muy resistente donde se estrella el toro, y sustituirlo por uno menos largo, mas flexible y abierto en los lados, en una palabra, hay que utilizar un peto que permita al toro romanear y al caballo moverse.
También se podría reducir algo el tamaño de la puya.
Con todo esto el encuentro toro-caballo-picador tendría que ser breve por el mayor riesgo al ofrecer menor resistencia por tener menor peso, si bien la mayor movilidad del caballo es un importante factor a considerar.
El picador trataría de frenar al toro, con la vara, antes de llegar al caballo lo que equivaldría a realizar la suerte mejor que hoy, que la mayoría de las veces se deja que el toro llegue al peto y como no hay riesgo de caída por el peso del caballo, se pone la vara sin problema alguno.
También se recuperaría la posibilidad de ver un tercio de quites con intervención de los tres espadas con el mismo toro, que es el toreo verdaderamente competitivo ya que al actuar sobre el mismo toro se aprecian mejor las cualidades y limitaciones de cada torero.

Quizás el texto sea largo y a veces repetitivo, pero son declaraciones y escritos de grandes aficionados a la fiesta (veterinarios en su mayoría), por si a alguien, aún, le cabe alguna duda.
Podría seguir aportando datos hasta el día del juicio final, pero creo que con lo expuesto hay más que suficiente para repetir, hasta la saciedad si es necesario, que la respuesta hormonal medida en el toro lidiado, no tiene rigor científico al estar alterada la transmisión nerviosa por el destrozo que sobre las estructuras de este sistema orgánico produce la suerte de varas, cómo parece llamarse.

Dado que creo que mi compromiso profesional y humano con este debate no debe bajar la guardia he seguido investigando y buscando información fiable. Cómo sé que cuando se busca la verdad normalmente uno da con ella, esta mañana he topado con varios resúmenes de publicaciones ciéntificas de contrastada veracidad. Resulta que en el año 1996 ya se estaban publicando estudios sobre las respuestas del cortisol en los toros lidiados. Os dejo aquí la traducción de unas interesantes conclusiones publicadas en una revista francesa:

“En este trabajo hemos estudiado la activación del eje corticotropo en el toro de lidia después de la corrida, por el cruce de la estimación de parámetros indicadores directos (concentraciones sanguíneas de cortisol y de ACTH) e indirectos (num. De glóbulos blancos, fórmula leucocitaria, glucosa sérica y colesterol suprarrenal). También se ha estudiado la relación entre la activación del eje corticotropo y el comportamiento manifestado por los animales a lo largo del combate. Se han comparado los toros toreados en la feria de San Fermín con los de la feria del Pilar. La diferencia fundamental de estas dos ferias reside en el encierro que solo se practica en Pamplona. La existencia de una respuesta de stress aparece en la mayoría de los toros estudiados por la presencia de signos tanto directos como indirectos de la activación del eje corticotropo. Sin embargo, los toros toreados en Pamplona han tenido una respuesta de stress más intensa. También se ha observado que en Pamplona el porcentaje de animales con caídas es significativamente más débil que en Zaragoza. Una razón de estas diferencias podría encontrarse en el encierro. Éste podría constituir un estímulo previo de la activación del eje corticotropo pudiendo provocar este aumento de la respuesta del eje de cara al stress del combate. Por otra parte, en los toros de San Fermín, se ha constatado una concentración de colesterol suprarrenal más elevada que en los animales del Pilar, esto implicaría una reserva suprarrenal más importante en estos toros y probablemente una mayor capacidad de respuesta de cara a los estímulos stressantes.

Interesante estudio que significaría que los toros que han sido sometidos antes de la lidia a un encierro (cómo es el caso de Pamplona), deberían tener unas tasas de ACTH y de cortisol más altas después de ella, que los toros que no han sido previamente (antes de la lidia) sometidos a esta prueba (encierro). Esto supondría que los toros analizados por el Dr. Illera y que fueron sometidos a un encierro previo deberían tener tasas de ACTH y de cortisol más altas que los que no han sufrido un encierro previo. Desconozco cuantos de estos animales cumplen dicha premisa de los que han sido analizados y si los resultados hormonales relacionados con ellos, corroboran el estudio que he descrito. Además podríamos sacar como consecuencia que el encierro y la lidia actuan como factores sumatorios, de lo que sacaríamos la conclusión de que estos toros sufren mucho más, midiendo dicho sufrimiento a través de los valores hormonales de la ACTH y del cortisol. El Dr. Illera si dice en su estudio que los toros que ha analizado y que no han sido lidiados, sino que simplemente han sido corridos en un encierro, tienen niveles de ACTH y cortisol más altos que los lidiados. De ahí concluye que los toros no lidiados sufren más que los han sido lidiados. Pero, cómo ya he explicado los segundos han sufrido lesiones en su sistema nervioso y los primeros no. ¿Que pasa en los que han pasado por ambas experiencias estresantes? ¿Tenemos datos sobre ellos en el estudio del Dr. Illera? Habrá que esperar a que los datos por el aportados sean científicamente analizados e individualizados.

Sobre el uso, abusos y destrozos causados por las banderillas, lo dejaremos para mejor ocasión.
Seguiremos informando.

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