BLOG VETERINARIO

Patologías del perro y del gato. Antitauromaquia y protección animal

ENFERMEDADES DE LA PRÓSTATA EN EL PERRO


LA PRÓSTATA

Se trata de una glándula sexual accesoria de los perros machos cuya función secretora depende de las hormonas sexuales. Tanto la castración quirúrgica como la farmacológica provocan su atrofia.
El líquido prostático forma la primera y la tercera fracciones del eyaculado y posiblemente ayuda al transporte del esperma. La fracción prostática supone más del 97% del volumen del eyaculado.
La mayoría de las enfermedades que afectan a la próstata implican un aumento de su tamaño (prostamegalia).
En condiciones normales, su tamaño estará en función del peso corporal y de la edad, aunque os puedo decir como curiosidad que los Scottish terriers tienen una próstata cuatro veces más grande que los perros de otras razas de peso y edad semejantes.
La hipertrofia de la glándula es muy común en perros de más de 5 años, y en muchas ocasiones, aún estando afectada, los perros permanecen asintomáticos.
Los síntomas más frecuentes son: secreción uretral, hematuria (sangre en la orina) y tenesmo (necesidad frecuente de orinar). La secreción uretral, puede ser clara, purulenta o hemorrágica. La presencia de este tipo de secreción, en especial la de tipo hemorrágico, puede exacerbarse por la excitación sexual. Aunque se ha descrito mucho como signo clínico asociado a enfermedad prostática, el tenesmo sólo está presente cuando la próstata presenta un aumento de tamaño patológico. Otros signos asociados a enfermedad prostática son fiebre, adelgazamiento, marcha anormal de miembros posteriores y dolor abdominal caudal.
Por palpación rectal y abdominal conjuntas podremos valorar su tamaño, su movilidad y si hay o no dolor.
La ecografía transabdominal es la mejor manera técnica de imagen para evaluarla y además nos permitirá visualizar otras estructuras próximas como la vejiga y la uretra. La localización, el tamaño y el contorno pueden evaluarse mediante una radiografía, aunque la presencia de estructuras óseas cercanas impiden muchas veces una valoración adecuada. La tomografía computarizda (TC) y la resonancia magnética (RM) son técnicas excelentes para visualizar la próstata, pero tienen el gran inconveniente del precio y de que habrá que inmovilizar al perro con anestesia general. Además, todavía no están bien establecidos los tamaños prostáticos normales en el uso de estas técnicas.
Ante la sospecha de una enfermedad en la glándula prostática se deberá hacer un análisis del líquido prostatico. La manera más sencilla de obtenerlo es provocando la eyaculación mediante masturbación manual. Una vez obtenido se hará una citología y un cultivo. Existe la posibilidad de realizar una biopsia, pero esta técnica cuenta con numerosas complicaciones que podrían transformar un problema de próstata benigno en algo más grave.

HIPERPLASIA PROSTÁTICA BENIGNA

La HPB es la anomalía más frecuente en los perros machos enteros, y se presenta en el 100% de los perros ancianos no castrados. Un curioso estudio realizado en beagles, demostró que el 16% tenían HPB a los dos años, y el 50% a los 5 años de edad. Después de los 4 años la presencia de quistes puede acompañar a la hiperplasia. Estos quistes pueden predisponer a la próstata a sufrir infecciones bacterianas.
Los signos clínicos que acompañan a esta enfermedad son secreción uretral hemorrágica, hematuria, hemosperma, y tenesmo. Sin embargo es importante saber que muchos perros con esta enfermedad no manifiestan síntomas.
El tratamiento para esta afección en los machos que no se dedican a la crianza es la castracción, ya que, en tan sólo 7-10 días, se consigue una importante disminución del tamaño de la glándula. Las medicaciones a base de finasterida pueden ser útiles si no se quiere someter al perro a la cirugía. El problema es que, una vez retirada la medicación, la próstata volverá a aumentar de tamaño.
Se pueden utilizar para su tratamiento una serie de hormonas y antihormonas que provocarán la disminución del tamaño de la próstata, con el inconveniente de que pueden afectar a la capacidad reproductora, por lo que no deberían ser usados en perros que estén destinados a la crianza. Los estrógenos, por ejemplo, que también han sido utilizados para tratar esta enfermedad podrían provocar mielosupresión y formación de abscesos en la glándula.
Recientemente ha aparecido un nuevo producto de prescripción veterinaria para el tratamiento de esta enfermedad. Su composición es a base de acetato de osaterona. Se administra durante 7 días, y según los estudios clínicos el efecto persiste durante 6 meses, momento en el que habrá que evaluar si debe ser administrado nuevamente. Según se indica no afecta a la capacidad reproductora de los perros.

PROSTATITIS BACTERIANA CRÓNICA

La PBC es el segundo trastorno más frecuente en la próstata de los perros no castrados. Se presenta por la extensión de las bacterias desde la uretra o a través de la sangre.
El perro afectado, presentará infecciones urinarias recurrentes, sangre en la orina, secreción uretral purulenta o hemorrágica, tenesmo y estreñimiento. Es muy típico en estos casos que tras la aplicación del tratamiento con antibióticos oportuno, y a pesar de que desaparezcan los gérmenes de la orina, al poco tiempo vuelva a presentarse la infección. Esto es debido a que las bacterias persisten en la próstata. Los perros tendrán con mucha frecuencia un goteo constante o intermitente de exudado sanguinolento o purulento del pene, independientemente de la orina.
El estreñimiento suele ser debido a que el perro intentará evitar el dolor que se presenta a la hora de defecar.
Una vez realizadas las pruebas oportunas que he comentado anteriormente, será el momento de establecer el tratamiento. Pues bien, debéis saber que la PBC es difícil de tratar, ya que la mayoría de los antimicrobianos llegan mal a la glándula.
Aún así, algunos de ellos se han mostrado muy útiles, pero es sumamente importante hacer tratamientos largos, de por lo menos 4 a 6 semanas, aunque los signos clínicos desaparezcan antes.
Es importante que sepáis que la castración facilitará la curación, y en caso de que el perro tenga un gran valor genético, se deberá administrar también finasterida para tratar la HPB que siempre estará presente en los casos de PBC.

CARCINOMA DE PRÓSTATA

Es el trastorno más frecuente en los perros castrados. No se ha demostrado que la edad de castración influya en su aparición. Se observa en perros después de los 6 años. No se han descrito tumores benignos de próstata y las metástasis más frecuentes se presentarán en ganglios linfáticos sublumbares, columna vertebral y pulmones.
Los síntomas clínicos asociados al carcinoma de próstata incluyen hematuria, estranguria (micción escasa y dolorosa), e incontinencia, tenesmo, pérdida de peso y falta de apetito.
Curiosamente, en los perros no castrados, la presencia del carcinoma no siempre se asocia a aumento del tamaño de la próstata, y sin embargo si se asocia en los castrados.
El pronóstico de estos perros es bastante malo, y el tratamiento no deja de ser paliativo y consiste en la extirpación de la glándula junto a la castración, aunque no esté demostrado que las hormonas sexuales masculinas tengan nada que ver en la presentación de este tipo de cáncer.
El uso de la radioterapia ortovoltaica intraoperatoria (radioterapia de tumores prostáticos expuestos quirúrgicamente) es el mejor tratamiento en la actualidad en perro sin metástasis que ya aumentan la supervivencia en 9 meses.
Algunos fármacos se han mostrado útiles para reducir el tamaño de los tumores e incluso en algunos casos han permitido su remisión total.

PROSTATITIS BACTERIANA AGUDA Y ABSCESO PROSTÁTICO

No son enfermedades que diagnostiquemos con demasiada frecuencia en los perros. La presencia de abscesos se asocia a veces a la hiperplasia benigna de próstata, y como dije antes a la administración de estrógenos.
Los signos clínicos que se presentarán son fiebre, depresión, vómitos, falta de apetito, anomalías en la marcha y dolor abdominal caudal.
En la prostatitis bacteriana, el tamaño de la próstata es normal, mientras que en el caso de los abscesos suele estar aumentada de tamaño.
Mientras que la prostatitis suele remitir con tratamientos antibióticos, los abscesos requerirán tratamientos quirúrgicos que muchas veces irán acompañados de serias complicaciones, o bien el drenaje del absceso a través de ecografía.
La castración en el caso de los abscesos no se ha demostrado útil.

QUISTES PARAPROSTATICOS

La causa de la aparición de este tipo de quistes es desconocida. Son de un gran tamaño y se localizan en la parte exterior del tejido de la glándula. En una radiografía aparecen como una segunda vejiga, y se suelen diagnosticar cuando por su tamaño chocan con la uretra o con el colon. Cuando producen signos de enfermedad deben ser extirpados.

enero 19, 2009 Posted by | abcesos, carcinoma, inflamación, perro, Próstata, Veterinaria | 3 comentarios

TRASTORNOS DE LA MICCIÓN EN EL PERRO


TRASTORNOS DE LA MICCIÓN: ¿POR QUÉ SE PRODUCEN?

La función de la vejiga y la uretra consiste en almacenar y eliminar orina. Los perros con enfermedad de las vías urinarias bajas o inferiores suelen mostrar signos de inflamación o irritación de la vejiga y la uretra. Cuando acudís con vuestros perros a la consulta es porque habéis observado alguna manifestación poco habitual en el momento en que orinan. Unas veces será que el color habitual ha cambiado (sanguinolento, amarillento, demasiado claro, verdoso…), otras porque el número de micciones aumenta de forma considerable, otras porque habéis encontrado orina en casa, siendo vuestro perro un animal que sólo se orina en la calle. En otras ocasiones podéis observar que pese a los intentos de micción, el perro expulsa tan sólo unas gotas o que incluso no hay micción. Todos estos síntomas tienen un nombre técnico que más adelante definiré y explicaré.
Podemos decir que los trastornos de la micción pueden producir una infección de vías urinarias resistente al tratamiento, que pueden dar lugar a pielonefritis (infección renal) y, en último lugar, a una enfermedad renal. Los trastornos relacionados con el sistema nervioso (neurógenos), pueden provocar incontinencia por desbordamiento, y los no neurógenos, comprenden procesos como infecciones, inflamación, cálculos y tumores.
Los veterinarios ante un problema relacionado con la micción, echaremos mano de un amplio arsenal de técnicas diagnósticas para establecer las causas de la enfermedad, y aplicar el tratamiento adecuado. Lo primero que os vamos a pedir es una muestra de orina. Nuestra solicitud es aceptada de buen grado por muchos de vosotros, aunque a veces algún cliente me ha mirado con cara de “poker” cuando le hecho esta sugerencia. Si el perro colabora no será difícil. El mejor momento será cuando salga por la mañana, ya que el volumen de orina a eliminar será grande. Habrá eso si que acertar a colocar el recipiente para orina en el lugar adecuado. En caso de que el perro se orine en casa, la recogida será mucho más fácil, ya que bastará con recogerla del suelo con una jeringuilla. Con las hembras resulta un poco más engorroso, pero también se puede conseguir. Casi nunca he tenido que echar mano del sondaje o de la cistocentesis (punción de vejiga) para obtener una muestra, salvo que sea necesaria la realización de un cultivo microbiológico, que requiere la recolección de una orina estéril o se haya producido una obstrucción que impide la evacuación de la orina.. No os podéis imaginar la cantidad de información que podemos obtener de un simple análisis de orina. Yo, si puedo evitar hacer pasar un mal rato a vuestro perro con la introducción de una sonda, desde luego, lo evito.
La segunda fase consistirá en una analítica sanguínea completa. La medición de valores como la urea y la creatinina nos servirá para saber si los riñones están afectados, y el hemograma nos dirá si estamos ante un proceso infeccioso o inflamatorio.
Una vez realizados estos análisis de rutina e interpretados los resultados, estaremos lo suficientemente informados para seguir con las pesquisas diagnósticas, que incluyen una serie de pruebas que luego comentaré.. Su realización no siempre será necesaria, por lo menos como primera opción. Me explico: Si a través de las pruebas rutinarias anteriormente nombradas podemos establecer un diagnóstico más o menos correcto, yo por lo menos, no echare mano de ecografías, radiografías e incluso cistoscopias. Otra cosa será, que si una vez establecido un tratamiento y esperado un tiempo prudencial no hemos resuelto el problema, o se resolvió y al poco tiempo volvió a aparecer tengamos que hacer uso de ellas. Digamos que esto no lo hacemos por capricho, sino por evitar que por una simple inflamación de vejiga vuestro bolsillo se vea considerablemente resentido.

CAUSAS DE LOS TRASTORNOS DE LA MICCIÓN

Los trastornos de la micción tienen numerosas etiologías, pero pueden clasificarse en neurógenas y no neurógenas. No me voy a alargar demasiado su explicación porque serían necesarios ciertos conocimientos de la funcionalidad del sistema nervioso.
-Por causas neúrogenas
Uno de los trastornos es lo que se conoce como “vejiga atónica” que se debe a lesiones que afectan a los segmentos sacros de la médula espinal (enfermedad de los discos intervertebrales, síndrome de cola de caballo, luxaciones y fracturas de vértebras y tumores). Lo que se produce es una incontinencia por rebosamiento, ya que el músculo y el esfínter de la vejiga no son capaces de impedir la salida de la orina. La vejiga, que estará muy blanda, podrá ser vaciada manualmente con facilidad
Lo que se conoce como “vejiga automática” está provocado por lesiones que se localizan en las vértebras lumbares debidas a enfermedades del disco intervertebral, tumores o traumatismos. Se presenta dificultad para orinar porque el músculo y el esfínter uretral se encuentran contraídos parcialmente. Al contrario que en el caso anterior, la vejiga se encontrará muy dura, y su presión deberá evitarse dado el riesgo de rotura. El vaciado se hará por sondaje.
Lo que se conoce como “disautonomía” es una patología más propia de gatos, pero también ha sido diagnosticada en perros. Se debe a una disfunción del sistema nervioso autónomo, de causa desconocida. La vejiga estará atónica, presentándose incontinencia por rebosamiento de la vejiga.
-Por causas no neúrogenas
La alteración se localiza en el músculo detrusor de la vejiga propiamente dicho. Se puede producir por la presencia de cálculos que se localizan en la vejiga o en la uretra, tumores, inflamaciones de la uretra, semiobstrucciones uretrales y enfermedad prostática. Como consecuencia de las obstrucciones, la orina no puede ser eliminada con normalidad, aumentando paulatinamente su contenido en la vejiga, hasta que la presión intravesical supera la resistencia uretral. Una vez superada esta resistencia se produce el rebosamiento de la orina.

INCONTINENCIA URINARIA

Es la incapacidad de controlar voluntariamente el paso de la orina a través de la uretra. La enuresis es la incontinencia urinaria que se produce durante el sueño; es un hallazgo frecuente en perros con incompetencia uretral. En otros casos se puede producir lo que conocemos por nicturia que es la presencia de micciones excesivas durante la noche, aunque esto es más frecuente en animales con poliuria (aumento del volumen de orina).
-Trastornos neurológicos

Cualquier lesión neurológica que afecte al reflejo de la micción puede provocar una micción anormal. Estas lesiones se suelen localizar en los nervios localizados en las vértebras sacras o como consecuencia de enfermedades de la columna que se localizan a nivel de la zona lumbosacra.

-Trastornos no neurológicos

La incontinencia puede asociarse a trastornos funcionales y anatómicos de la uretra o de la vejiga urinaria. Aparece ha menudo en perros castrados. A veces es debida a la incapacidad del músculo detrusor, y se caracteriza por la incapacidad de la vejiga para relajarse durante la fase de almacenamiento. Más raramente, la incontinencia puede aparecer en perros afectados por infecciones urinarias debido a una mayor necesidad de orinar, y en aquellos que tienen una obstrucción parcial de la salida de la orina (cálculos pequeños). Otra alteración que puede provocar incontinencia es la existencia de uréteres ectópicos. Se trata de un defecto embrionario que hace que los uréteres en vez de terminar en la vejiga lo hacen en la uretra o en la vagina.
Existe un tipo de incontinencia urinaria, bastante frecuente, que se da en perras castradas. Surge meses o años después de la esterilización. Se produce por una incompetencia del esfínter uretral por un déficit hormonal, y suele responder bien a los tratamientos adecuados.

ENFERMEDADES INFLAMATORIAS DE LA VEGIGA Y DE LA URETRA

La inflamación de la vejiga y de la uretra se denomina cistitis y uretritis respectivamente. Debéis saber que la mayoría de las enfermedades que producen inflamación de las vías urinarias inferiores (VUI) afectan tanto a la vejiga como a la uretra. Los signos clínicos son disuria (micción dolorosa o con dificultad), estranguria (esfuerzos de micción), polaquiuria (emisión frecuente de pequeñas cantidades de orina) y hematuria (presencia de sangre en la orina).
La enfermedad inflamatoria más frecuente en los perros es con diferencia, la infección bacteriana de vejiga y uretra, que se puede desarrollar con carácter agudo o crónico. A veces, las causa de estas infecciones no son bacterias, sino hongos o levaduras, en especial la candida albicans, que muchas veces se desarrolla de forma secundaria por el excesivo uso de antibióticos. Es importante que sepáis que los hongos no se encuentran normalmente en la orina de animales sanos, como si ocurre con las bacterias.. Además de las candidas, pueden ser provocadas por Criptococcus, Aspergillus y Blastomyces.
Otro tipo de cistitis es la llamada polipoide, que se caracteriza por el desarrollo de pólipos. Se suele presentar como consecuencia de procesos inflamatorios de la vejiga que llevan mucho tiempo provocados por infecciones o por cálculos. Es más frecuente en hembras que en machos. En ocasiones desaparecen espontáneamente pero suele ser necesaria su eliminación por cirugía ya que es sumamente difícil diferenciarlos de tumores vesicales (carcinomas). Otros tipos de cistitis son la enfisematosa, la cistitis por ciclofosfamida y las cistitis parasitarias por capillarias.
Dado que la que se presenta con más frecuencia es la cistitis bacteriana os diré que se produce cuando un número de bacterias suficiente se adhiere, crece, se replica e invade la vejiga urinaria. Son muchas las bacterias capaces de provocarlas y normalmente entran en la vejiga por vía ascendente, es decir desde la uretra. Más raramente pueden proceder de riñón, próstata o de la sangre.

UROLITIASIS

La formación de cálculos en la vejiga va precedida de la aparición de cristales microscópicos. Cuando estos cristales dan lugar a formaciones macroscópicas reciben el nombre de urolitos o cálculos. Podemos decir por tanto que los cálculos son concreciones policristalinas que contienen típicamente un 90-95% de cristaloides y menos de 5-10% de matriz orgánica. Existen muchos tipos que podéis consultar en la tabla adjunta:

-Fosfato amónico magnésico (estruvita)
-Oxalato cálcico.
-Purinas:-Urato ácido de amonio.
-Urato ácido de sodio.
-Ácido úrico.
-Urato sódico-cálcico.
-Xantina.
-Cistina
-Fosfato cálcico:-Carbonato de calcio (apatita)
-Fosfato de calcio (hidroxiapatita)
-Fosfato ácido de calcio hidratado.
-Fosfato tricálcico.
-Sílice
-Mixtos.

Podemos considerar que los cálculos más frecuentes en los perros son los de estruvita y los de oxalato. Mención aparte merecen los cálculos de ácido úrico que se presentan exclusivamente en la raza dálmata, debido a su peculiar metabolismo con respecto a este elemento químico, aunque curiosamente también ha sido descrita en algunos bulldog ingleses
Los cálculos de estruvita se suelen presentar cuando hay una excesiva alcalinización de la orina (PH de la orina por encima de 7), debido a dietas ricas en magnesio, fósforo y proteinas.
Los cálculos de oxalato se presentarán cuando existan factores metabólicos que promuevan un la presencia en exceso de calcio en la orina, como son la hiperabsorción de calcio, la acidosis metabólica y la hipercalcemia.
A nivel clínico, cualquier perro afectado por la presencia de cálculos en su vejiga va a presentar disuria y hematuria, incontinencia urinaria, micción inoportuna, estranguria e imposibilidad de orinar, eliminación con la orina de urolitos y signos intensivos de obstrucción urinaria: anorexia, letargo, vómitos y depresión. Cuando un cálculo obstruye por completo la salida de orina estaremos ante una urgencia médica. Será imprescindible la desobstrucción mediante sondaje y si con esto no es suficiente se hará necesaria la intervención quirúrgica.
Aún así conozco casos, especialmente en hembras, que pueden tener ocupada su vejiga por uno o dos, y a veces más cálculos sin manifestar síntoma alguno.
La presencia de otros de los cálculos anteriormente mencionados, es bastante más infrecuente, por lo que no voy a extenderme en el presente artículo para hablar de ellos. Las sintomatologías serán similares a las descritas y una vez extirpados si es que se hace necesario, deberán ser analizados para saber su composición química y las pautas a seguir en cuanto a alimentación y tratamientos con posterioridad.
Algunos de los cálculos nombrados podrán ser eliminados mediante tratamientos dietéticos y mediante el uso de medicamentos, pero en la mayoría de las ocasiones se hará necesaria la intervención quirúrgica. Muchos de ellos una vez extirpados, no volverán a aparecer si se establecen los tratamientos dietéticos y terapéuticos oportunos. Evidentemente conseguir este fin será más fácil si somos capaces de establecer la causa por la que se presentan en determinados perros. Quiero decir que si se deben a un problema metabólico, y no lo solucionamos, veremos como al cabo del tiempo vuelven a reaparecer.
NEOPLASIAS
La presencia de tumores en las VUI es más frecuenta en hembras que en machos, siendo el carcinoma de células de transición el más frecuente. Los tumores secundarios en la vejiga son raros, y si aparecen suelen ser metástasis de tumores de uretra o de próstata. Los síntomas en un principio serán muy similares a los que observamos cuando hay presencia de cálculos, aunque cuando llevan tiempo asentados, podremos observar otras manifestaciones de mayor gravedad. Ni que decir tiene que el tratamiento de elección será la eliminación quirúrgica. El pronóstico es bueno para los tumores benignos y para los malignos que han sido totalmente extirpados. El problema es cuando nos encontramos con vejigas totalmente invadidas. La cistectomía total (extirpación completa de la vejiga) y la desviación de la orina se han asociado con complicaciones inaceptables como acidosis metabólica, pielonefritis, insuficiencia renal y septicemia.
La quimioterapia en tipos de cáncer de vejiga muy extendidos e inoperables no tiene ninguna utilidad.
TRAUMATISMO DE VEJIGA
Las lesiones de la vejiga urinaria pueden ser causadas por traumatismos abdominales romos (automóviles, patadas o caídas) o penetrantes (cuchillos, escalpelos, agujas, balas o fragmentos de hueso fracturado)
La vejiga también puede ser lesionada por palpación o presión exagerada cuando está debilitada, por inserción excesiva de catéteres urinarios rígidos y por hiperdistensión de la luz vesical por otras maniobras diagnósticas.
En estos casos la presencia de sangre en la orina será habitual y como complicaciones serías, habrá peritonitis y/o ascitis. En los casos graves se podrá observar anorexia, depresión, dolor abdominal, y vómitos cuando se desarrolla azotemia y peritonitis. Otra complicación puede ser la presentación de una hernia extraperitoneal pudiendo palparse una vejiga distendida en el saco herninario.

Al principio del artículo me referí al análisis de orina como una importante fuente de información para los veterinarios, cuando nos encontramos con un perro que presenta trastornos de la micción. Lo cierto es que así es, pero en muchas ocasiones los datos que nos aportan son insuficientes. Es entonces cuando recurrimos a una serie de pruebas que en muchas ocasiones se hacen indispensables.
Las radiografías abdominales deben incluir todo el aparato urinario. La ecografía abdominal del aparato genitourinario es un complemento útil de las radiografías, aunque esta técnica tiene la limitación de que, a menos que también se realice una ecografía transrectal, no se visualiza la uretra. La ecografía requiere que la vejiga contenga una importante cantidad de orina en el momento de su realización, lo que no siempre es fácil tratándose de perros.
Actualmente la cistoscopia se está convirtiendo en parte integral de la evaluación diagnóstica de los perros con enfermedades persistentes o recurrentes de VUI. Aunque es mínimamente invasiva, requiere anestesia general para que el animal no se mueva. Esta técnica resulta especialmente útil para la visualización de problemas anatómicos y para la obtención de biopsias y cultivos microbiológicos. Otras técnicas que se utilizan a veces son las radiografías de contraste, y la introducción de aire a través de una sonda urinaria para hinchar la vejiga.
En resumen, como habéis leído son muchos los trastornos que afectan a las vías urinarias bajas de vuestros compañeros. Casi todos, incluso aquellos en que se produce una incontinencia urinaria, tienen tratamiento y por tanto pueden ser curados o como mínimo controlados en mayor o menor grado. En muchas ocasiones estos problemas los achacáis a la edad de vuestros perros, y pensáis que no tienen solución. Como habéis leído son muchos los problemas que derivan de lesiones o patologías de la columna vertebral a nivel de vértebras sacras y lumbares, pero muchas veces la simple aplicación de antiinflamatorios o de relajantes musculares será suficiente para evitar por ejemplo esas pérdidas de orina que muchas veces tenéis que recoger del suelo de vuestros hogares. En otras ocasiones será necesario el uso de medicamentos muy específicos, en especial en aquellos casos en que la incontinencia se presente por problemas localizados en el esfínter de la vejiga o en el músculo detrusor, pero debéis saber que en la mayoría de las ocasiones estos tratamientos dan unos excelentes resultados mejorando la calidad de vida de vuestros compañeros y por extensión de la vuestra.
José Enrique Zaldívar Laguía
Clínica Veterinaria Colores.
Paseo de Santa María de la Cabeza 68 A.
28045-Madrid.

enero 19, 2009 Posted by | causas neurógenas, incontinencia, inflamación, micción, perro, Trastornos, traumatismos, urolitiasis, vejiga, Veterinaria | 53 comentarios

PIÓMETRA Y METRITIS

Texto: José Enrique Zaldívar

Clínica Veterinaria Colores

Piómetra y metritis

En esta ocasión vamos a tratar en nuestra consulta veterinaria dos de las enfermedades más recurrentes que afectan al aparato reproductor femenino. Las describiremos, las conoceremos a fondo, sus causas, sus síntomas, sus consecuencias y todo lo que debemos saber para actuar correctamente ante ellas.

La piómetra es una de las patologías más frecuentes del aparato reproductor que los veterinarios nos encontramos en hembras de más de seis años. El término piómetra describe un útero lleno de pus en asociación con cambios ováricos y sistémicos. Si queremos afinar más en su definición, podemos decir que se trata de uno de los estadios de lo que se conoce con el nombre de complejo hiperplasia endometrial quística, en concreto el estadio III.

En la fase del ciclo sexual de la perra que se conoce como diestro (que es la que sigue al estro o celo) se producen una serie de cambios uterinos, cuando está aumentada la concentración sérica de progesterona. Si estos cambios uterinos se acompañan de una reacción inflamatoria aguda del endometrio con colonización bacteriana del mismo, se producirá una infección en el útero. Podemos decir, que el proceso que conducirá a la piómetra se inicia en el momento en el que la perra está en celo, fase durante la que se produce la apertura del cuello del útero (cérvix) que facilitará la entrada de bacterias desde la vagina. En la fase posterior al celo, es decir, en el diestro, se producirá el cierre funcional del cuello del útero y una serie de cambios en dicha estructura anatómica provocados por la descarga de progesterona. Estas circunstancias harán del útero un medio excelente para el desarrollo de las bacterias. Podemos, por tanto, afirmar que en la mayoría de los casos esta enfermedad se presentará a los dos o tres meses después del último celo.

COMPLICACIONES

La bacteria más veces aislada en este tipo de infecciones es la E. Coli. Se trata de gérmenes capaces de producir determinadas toxinas que pasarán a la sangre provocando lo que se conoce como endotoxemia. Estas toxinas pueden depositarse sobre la superficie del riñón, dando lugar a una sería complicación renal que se conoce con el nombre de glomerulonefritis, y que se presentará en el 20-25 por cien de las perras con piómetra.

Si realizamos un análisis de sangre nos vamos a encontrar con una importante elevación de leucocitos neutrofilos, por encima de 15.000 (glóbulos blancos), anemia, descenso de albúmina (hipoalbuminemia), elevación de globulinas (hiperglobulinemia) y aumento de la fosfatasa alcalina (ALKP). Si el riñón ha sido afectado, nos encontraremos también con una elevación de los parámetros que nos marcan la función renal, es decir, de la urea y de la creatinina. Estas elevaciones suelen remitir una vez que administramos suero por vía intravenosa. No debemos olvidar que casi todas las perras que presentan una piómetra se encuentran deshidratadas en mayor en menor grado. Se debe también realizar un análisis de orina, ya que el 20 por cien de las perras con piómetra presenta infecciones urinarias de vejiga.

Cuando hablamos del cuadro clínico, debemos distinguir entre lo que es una piómetra de cuello abierto y una piómetra de cuello cerrado. En el primer caso veremos salir secreciones por la vulva de vuestra perra que a veces pasan desapercibidas por el continuo lamido de la zona.

Si el cuello se ha cerrado y no permite la salida de las secreciones que se están produciendo en el útero, los síntomas clínicos que presentará vuestra perra serán más evidentes.

Los signos clínicos más frecuentes son: dolor y distensión abdominal (cinco por cien), anorexia (65-74 por cien), letárgia (75-100 por cien), vómitos y diarrea (65-75 por cien). Además, se presenta en la mayoría de los casos un aumento en la ingestión de agua (polidipsia) y un aumento en el volumen de orina (poliuria). Un síntoma bastante típico es la dificultad que tienen estas perras para saltar o para subirse a determinadas alturas (sofás, coche…). Sólo un 20 por cien de ellas presentará fiebre, a pesar de tratarse de una infección.

Si la enfermedad no es diagnosticada y, por tanto, tratada, se presentará septicemia, endotoxemia, choque, hipotermia, y muerte.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

El diagnóstico no es demasiado complicado, dado que se da en un momento muy concreto del ciclo sexual de la perra y los síntomas en la mayoría de los casos son bastante evidentes. Aún así, es conveniente la realización de radiografías abdominales y, mejor aún, una ecografía. Tanto en las imágenes radiográficas como ecográficas se verá un útero agrandado y lleno de líquido, es decir, una apariencia muy similar a la que se observa al inicio de la preñez y en el posparto inmediato. En ocasiones, aunque no se produce con poca frecuencia, algunas perras con piómetra, incluso con cuello uterino cerrado, pueden no tener una silueta uterina no visible en la radiografía abdominal.

El tratamiento debe ser rápido, ya que cualquier demora injustificada puede provocar la muerte de la perra, en especial en los casos de piómetra de cuello cerrado. Lo más inmediato, mientras se realizan los análisis, es la fluidoterapia intravenosa. De esta forma, conseguiremos mantener el flujo sanguíneo y mejoraremos la función renal. Se debe establecer de inmediato el suministro de antibióticos.

El tratamiento definitivo y de elección es y ha sido siempre la cirugía. La técnica quirúrgica a realizar es la ovariohisterectomía, es decir, la extirpación de los ovarios y la matriz.

Debemos llevarla a cabo una vez que la perra esté estabilizada de los desequilibrios metabólicos para garantizar los resultados pero, como ya he comentado antes, no se puede esperar demasiado tiempo. Una complicación a tener en cuenta es el desgarro del útero, antes o durante la operación, ya que correremos el riesgo de una peritonitis y sepsis que podría acabar con la vida del animal.

El tratamiento no quirúrgico, es decir, el que realizamos a través de fármacos, se ha utilizado en perras con un alto valor reproductivo y en aquellos casos en los que la enfermedad se presenta en animales jóvenes. Lo cierto es que hasta hace muy poco sólo se utilizaban las prostaglandinas F2alfa. Por medio de este medicamento, lo se consigue es reducir los niveles de progesterona y abrir el cuello del útero. La mejoría clínica no se observa hasta pasadas 48 horas y, en ocasiones, produce efectos secundarios, como vómitos, diarrea y salivación, que pueden agravar el estado de salud de la perra. Es por esto que este tratamiento sólo se recomienda en piómetras abiertas y el veterinario nos deberá advertir de la posibilidad de la aparición de una nueva infección después del siguiente celo.

Recientemente ha aparecido en el mercado un nuevo fármaco cuyo principio activo es la aglepristona (Alizin), cuya indicación es la inducción del aborto hasta 45 días después de la monta. Al tratarse de un antagonista de la progesterona, ha resultado sumamente eficaz en el tratamiento de la piómetra. La administración de tres, cuatro o cinco inyecciones en unos plazos determinados parece ser bastante eficaz. En el caso de piómetras cerradas, las descargas purulentas se observarán a partir de las 36-48 horas de iniciado el tratamiento, y se acompañan normalmente de una importante mejoría de la perra tratada. En la actualidad, se está utilizando asociado a las prostaglandinas F2alfa. En caso de optar por este tipo de tratamiento, es recomendable que la hembra quede gestante en el siguiente celo. Después de establecida la medicación, el control ecográfico es fundamental para asegurarnos de que el útero se va vaciando. Esto lo valoraremos midiendo el diámetro de la matriz, el cual deberá ir disminuyendo progresivamente.

La recuperación total del animal podrá confirmarse a partir del día 28 después de iniciado el tratamiento, con la desaparición de las descargas vaginales y una imagen ecográfica normal del útero. Debe quedar claro que, a pesar de la efectividad que al parecer tiene este tratamiento, no debería ser utilizado en caso de septicemia, peritonitis secundaria a rotura uterina, fallo renal, hepatitis reactiva o coagulación intravascular diseminada.

METRITIS

La metritis aguda se presenta, en general, en el periodo postparto inmediato y, por lo usual, se asocia con problemas en el parto, manipulaciones obstétricas o retención de placentas o fetos. Asimismo, la metritis aguda puede desarrollarse luego de un parto normal o una inseminación artificial contaminada.

Las manifestaciones clínicas, que comienzan a los pocos días del parto, comprenden secreción vaginal mucopurulenta fétida y signos de enfermedad sistémica, como fiebre, anorexia y vómito. El agrandamiento del útero puede palparse. El hemograma será muy similar al que aparece en el caso de la piómetra. El tratamiento de elección es la ovariohisterectomía, previa rehidratación con suero intravenoso. En ocasiones, será necesario destetar a los cachorros y darles de comer artificialmente, en especial si la metritis se ha acompañado de infección en las glándulas mamarias (mastitis).

En caso de hembras de gran valor reproductor, se puede intentar la colocación de una sonda uterina a través de la que se procederá a su limpieza y se introducirán soluciones de antibióticos. Estos antibióticos serán usados hasta conocer los resultados del cultivo y antibiograma previamente realizado. Su uso debe continuarse hasta que desaparezcan las secreciones del útero, se normalice el número de glóbulos blancos y no haya fiebre.

Si la hembra es muy valiosa y no responde al tratamiento médico se puede hacer una limpieza del útero por vía quirúrgica, siempre y cuando la matriz, una vez visualizada, presente un buen aspecto. Se hará un lavado previa incisión del útero y se colocará un catéter hasta el cuello uterino por el que serán suministrados los antibióticos en los días posteriores a la cirugía.

Podemos concluir que, para evitar las enfermedades que hemos tratado, la castración temprana de nuestras perras será una excelente elección. Una buena edad para realizar la operación es a los ocho meses, aunque en algunos países se realiza aún más tempranamente. Se puede incluso posponer hasta que la perra tenga su primer celo, pero no ir más allá. De esta forma, además de evitar la presentación de una piómetra, impediremos la presencia de tumores de mama que, en muchas ocasiones, son de carácter maligno, y que podrán provocar metástasis en órganos como pulmones, riñones, hígado o bazo.

Tan sólo añadir que el uso de sustancias para inhibir el celo de nuestras perras, usadas durante años sin ningún tipo de consideración científica por parte de los veterinarios, ha sido la causa de la aparición de las dos enfermedades a las que hemos dedicado el artículo de este mes. Afortunadamente, a día de hoy, cada vez somos menos los que hacemos uso de estas sustancias. ¡Que cunda el ejemplo! Animaos a esterilizar a vuestras perras.

noviembre 26, 2008 Posted by | endometrio, infección, inflamación, perra, utero, Veterinaria | 26 comentarios

   

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